Estamos más que acabados, Jesse. Lo sabía desde hacía mucho, y estoy segura de que tú también, pues te conozco demasiado bien. Miradas que ya no pueden encontrarse, respuestas cortantes a preguntas condescendientes, la distancia calculada en la cama y el sexo insípido que teníamos solo para cumplir. ¿En qué estábamos pensando cuando decidimos entrar nuevamente a nuestras vidas? ¿En qué estaba pensando?
Sigues sin mirarme, estás callado. Es como si pensaras en muchas cosas al mismo tiempo, en otras personas. ¿Y sabes qué? Cuando estamos en la cama, tengo la misma sensación. Levantas la cabeza y ahora sí, me miras, entrecerrando los ojos, como advirtiéndome que tenga cuidado con lo que voy a decir, pero lo digo de todas formas, ya que, da igual, esto no se puede poner peor.
-¿Qué me querés decir, Martina?
Apenas tratas de sonar como que realmente no sabes de qué estoy hablando, pero no te sale. El agotamiento emocional ya ni nos permite disimular bien. No nos molestamos en intentar de hacernos el menor daño posible. Estamos acostados el uno al lado del otro, cansados, no debido al sexo mediocre, sino de nosotros mismos.
-Que si esto va a seguir así, será mejor que compremos una cama más grande. Ya sabes, para que podamos caber todos.
Tragas, me miras largamente, y no lo niegas. Cierro los ojos con fuerza y deseo desaparecer, que desaparezcas, pero me arrepiento en el momento que siento que la cama se pone más ligera. Te escucho recoger tus cosas, y no te detengo como la primera vez, aunque ahora me duela más.
-Este era el momento que estabas esperando, ¿eh? Querías que te liberara, en vez de irte por tu propia cuenta. Qué manera tan cínica de intentar tener la conciencia limpia.
-...
-¿Por qué volviste? ¿Querías asegurarte de que seguía sintiendo algo por ti, a pesar de tú nunca sentiste nada?
Te mueves con más velocidad. Ya no doblas tu ropa, simplemente la arrojas en la maleta. Es como si quisieras intimidarme, hacer evidente que tienes urgencia de irte, para que yo te detenga. Y te jode que en vez de rogar que te quedes, observe tranquilamente cómo te marchas.
-¿Te pidió ella que regresaras conmigo?
-¿Tanto te cuesta creer que vine porque, realmente, quiero estar vos? ¿Tan baja tenés la autoestima, Martina? Vine porque te quiero...y ahora me largo porque obviamente vos no me querés aquí.
-Me quieres, pero no me amas. Te vas porque la amas a ella. A mí solo me tienes cariño. Y pena.
-Pero qué decís.
-O sea que, ¿no te vas?
-Me voy.
-Evidentemente.
Extraigo un cigarrillo de la caja que descansa sobre la mesa de noche y lo enciendo mientras me sigues presionando con esa celeridad tan dramatizada. No estoy llorando, como aquella vez, ni trato de sabotear tu partida sacando tus cosas de la maleta. Estoy cansada de este maldito estancamiento, y me pregunto por qué carajo no te había confrontado antes. Supongo que se debe al trabajo que nos cuesta abandonar los viejos hábitos. Como sabrás, old habits die hard. Ya estoy esperando a que te vayas, quiero celebrar llorando a solas.
-¿Es que no podés dejar de fumar aunque sea por un maldito segundo? El cigarrillo va a matarte-dices, a falta de un comentario mejor. Y es que, ¿qué más podemos decirnos?
-Ya. Qué pena me dan los que no saben de qué se van a morir, entonces.
Tienes todo listo, y ahora estás parado en medio de nuestra habitación gris sin saber qué más hacer.
-No voy a detenerte.
-No esperaba que lo hicieras.
-Cuéntame, Jesse. ¿Por qué volviste?
-Ya te lo he dicho.
-¿Es buena?
-¿Qué?
-¿Qué?
-¿Cómo es ella, que te tiene yendo y viniendo de aquí para allá?
-...
-...
-Responde, maldita sea.
-Pará, Martina. Por favor. No nos hagamos esto.
Me levanto de la cama y camino hacia ti, y con mi mirada busco la tuya, que no quiere dejarse encontrar. Al final reúnes el valor suficiente para enfrentarme, y nos quedamos así un rato. Me acaricias la mejilla con el dorso de la mano, me pasas el pulgar por la boca, me sostienes suavemente el cuello y apoyas tu frente en la mía. You make my knees go weak, y lo sabes, por eso lo haces. Yo podría estar así siempre, podría pedirte que no te fueras nunca y me convencería de que puedo vivir con todos tus fantasmas, pero estaría mintiéndome. Esta presencia tuya, tan ausente, me duele más que ver tu lado de la cama vacío.
-Decíme que no me vaya, y me quedaré con vos siempre.
-Vete.
-Dale-susurras-, pero mirame...
-¡Coño, Jesse, lárgate!
(...)
(...)
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