No sé cómo soltarte. Es gritarte que te vayas, sentir que soy
capaz de todo, que sí se puede salir de ti con tan sólo proponérselo, pero
temblar de miedo al verte parado en el umbral de la puerta, dispuesto a hacerme
caso. Es susurrarte con voz temblorosa que esperes, que mentira, bullshit, que
un ratico más. Y te devuelves, siempre te devuelves, no sin antes echarme en
cara que soy una volátil, la loca, no puedes vivir sin mí. Te metes en mi cama.
Estás muerto de la risa, agarrándome los pies y arrastrándome hacia ti. Me
abres las piernas, me besas, me tocas. Trato de tocarte pero siempre apartas
mis manos. Es como si en el fondo supieras que no mereces que yo te quiera. Yo
sigo dejándome tocar, caricias vacías y besos que saben a veneno, but I let
you, pues la soledad me sabe peor. Y sale el sol, y te vas, pero no sin antes
pedirme que, pretty please, hazme de tu café. Nunca entendí esa obsesión tuya
con que siempre te hiciera café. Es el mismo que bebe todo el mundo, el que
encuentras en cualquier despensa de cualquier casa, pero que según tú cuando lo
hago yo sabe como diferente. Te lo bebes y ahora sí, te vas. Me quedo, sola,
confundida, qué hice, qué hago. Tengo que salir de ti. Yo que lo siento todo y
tú que no sientes ni un carajo. Me voy a joder, mejor soltar esta mierda. Sí,
sí, sí. Te escribo una carta confesando sentimientos inventados que me he
creído, la envío y termino algo que no tenemos. Solo para a los dos días
arrepentirte, maldita loca, dices parado en mi puerta. La carta estrujada en el
bolsillo y tu sonrisa burlona intacta, mientras atraviesas la habitación y
lentamente...te vas metiendo...entre mis piernas...
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