
Siempre la lastimaste, aunque nunca fue tu intención. Jamás te diste cuenta de lo mucho que le dolía. Verte con Isabella todos los días, ver lo bien te llevas con ella, que todo el mundo piense que se gustan, o que ella piense que se gustan (no hay mucha diferencia, en verdad) aunque digas que es solo tu mejor amiga. Aunque ella tenga novio, en la cabeza de Victoria, Isabella está enamorada de ti. O cuando vamos al campo, que llevas a Amanda Vallejo a bailar a Colao. ¿Alguna vez te enteraste que Victoria trató de aprender a bailar? No, claro que no.
¿Y qué me dices de Valentina Aimée?
Sonríes cada vez que la piensas.
¿Y cómo no hacerlo?
Es que Valentina…es que Amanda…es que Isabella…
Vamos a ver, Jesse. Vamos a ver.
Hablemos de las relevantes. De tus debilidades.
Isabella Díaz. No, no me mires con esa cara. Sí, sí, Isabella. Acéptalo de una buena vez. La estás mirando con otros ojos. Nunca te habías fijado en sus piernas de modelo hasta hace un tiempo. O en su cara de mujer. Cuando habla, le miras los labios y no los ojos. Ha cambiado. Y fuiste el primero en darse cuenta, antes que todos, antes que ella. Cuando salimos para algún sitio, ya no haces comentarios sobre su aspecto. Porque antes no te importaba, no te hacía nada. Era un comentario a Isabella y ya. Ahora sientes que es más que eso. Reconoces que se ve bien, te sonrojas y te da cosa decirle. Nunca te habías sonrojado con Isabella. Nunca te había dado cosa con ella. Con tu mejor amiga desde… ¿qué? ¿Siempre?
Sí, ya sé que no es muy leída, pero a veces nos sale con unas ocurrencias demasiado ingeniosas como para que vengan de ella. Por eso te ¿gusta? En fin, por esto te “gusta”, porque te sorprende y te hace reír y pensar (lo de pensar, a veces). Y porque es, y ven, que vale la pena repetirlo hasta el cansancio, una preciosidad de muchacha.
…Pero creo que nunca la llegaré a querer...querer de verdad, digo.
¿Y tú qué sabes?
Lo sé.
Está bien, te lo dejo pasar. Seguimos.
…Valentina Aimée.
Ah, mírate otra vez, sonriendo.
Aimée, la Bonita, el ángel. Le dices de tantas formas, y es que Aimée es otra, bella, bella, y tan inteligente que para nosotros resulta insultante. Mucho más inteligente que Isabella, desde luego, y que tú, incluso. Pero no siempre, dices para sentirte mejor contigo mismo. No siempre.
¡Y es que es verdad!
Anja, claro…
Y ahí estás sonriendo otra vez. Pasa cada vez que te la mencionan, que la ves, que la piensas. Aunque La Grande en tu vida no sea ella, sino…
…Victoria.
Victoria.
La Pequeña.
Ella. La niña de tus ojos, por la que haces cosas que hacen que te preguntes qué diablos estás haciendo. A esa, a esa la vas a querer siempre. Aunque estés con otras a quienes quieras indudablemente, otras que te saquen a La Pequeña de la cabeza. Pero tú y yo sabemos de sobra que a esa ni Dios te la saca del corazón.
Te ríes, no porque no sea verdad, sino porque sueno muy cursi. Yo también me río. Pasa cada vez que Victoria es el tema de cualquier conversación.
Estás pensando en Valentina Aimée otra vez. ¿Verdad? Esa muchacha está poniendo Peros en tu cabeza desde que comenzaste a usarla.
Mira, es que Aimée siempre tuvo algo que a la Pequeña le hace falta y que lo hará siempre. Eso que a ti y a ella los hace iguales, pero diferentes a la vez. Como si ella fuera un devastador huracán y tú como un volcán en erupción. Provocan un caos igual; son como desastres naturales que arrasan con todo y que cumplen una función en común…la cosa está en que ustedes dos no están hechos de lo mismo. Son el perfecto opuesto el uno del otro.
...Y luego se te ocurre.
Entonces, ¿Y si yo soy fuego, y ella agua...qué es Victoria? ¿Quién es su opuesto perfecto?
Nos quedamos mirando, y no tengo que decírtelo para que te des cuenta. Lo sabes, Jesse, siempre lo supiste.
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